Proyecto Salaverry 33

Nace del deseo de construir un hogar que refleje una personalidad contemporánea, sofisticada y auténtica, alejándose de los códigos tradicionales del lujo. La propuesta encuentra su identidad en una constante dualidad: materiales fríos y cálidos, superficies sobrias y texturas expresivas, geometrías limpias y formas orgánicas conviven en un mismo lenguaje para construir una atmósfera llena de matices.

Una pausa antes

La secuencia comienza incluso antes de ingresar al área social. Concebido como un espacio de transición, el hall busca desconectar y generar paz. La intención fue convertir ese primer contacto con la vivienda en un momento de calma.

Un revestimiento continuo en madera natural envuelve el espacio y genera una atmósfera cálida e íntima, acompañada por una iluminación tenue que acentúa las texturas y dirige la mirada hacia una consola escultórica y un espejo de poliuretano brillante que funciona como una verdadera pieza de arte.

Dualidad como lenguaje

Toda la sala y el comedor fueron concebidos como un ejercicio de convivencia entre opuestos. La calidez de la madera dialoga con la fuerza de la piedra natural; las superficies oscuras encuentran equilibrio junto a tonalidades claras; las texturas suaves de los textiles conviven con acabados pétreos de gran carácter. Cada elemento parece contradecir al siguiente, pero precisamente en esa tensión nace la armonía del conjunto.

Naturaleza como protagonista

Todos los materiales fueron seleccionados por su origen natural y por conservar las huellas propias de aquello de donde provienen.

La piedra utilizada en el proyecto corresponde íntegramente a cuarcitas naturales, cuyas vetas —mucho más expresivas que las de un mármol convencional— aportan una identidad irrepetible a cada superficie. La madera natural aparece en distintos tonos y direcciones de veta, mientras que los textiles equilibran la composición aportando suavidad y confort.

Una sala para contemplar

La sala se organiza alrededor de un gran sofá de formas orgánicas que invita a permanecer y disfrutar del espacio sin rigidez. Frente a él, dos mesas de centro en cuarcitas negra y blanca construyen una composición que sintetiza el concepto general del proyecto.

Una banqueta orientada hacia la amplia vista sobre la avenida Salaverry transforma el paisaje en parte del interior, mientras una butaca verde introduce un gesto de personalidad que representa la esencia del cliente.

Articulando todo el ambiente aparece una de las piezas centrales del proyecto: un mueble diseñado íntegramente por Columna Negra que reúne estante decorativo, mueble de televisión y bar en una sola composición.

Trabajado como una pieza de carpintería de autor, incorpora vidrio negro, espejo color cobre, tres tonalidades distintas de madera y dos variedades de cuarcita natural. Pequeñas divisiones rítmicas dentro de los libreros generan profundidad y movimiento, demostrando que el verdadero lujo reside en el cuidado obsesivo por los detalles.

En el comedor, enmarcando el espacio se encuentra uno de los elementos más representativos del proyecto: un gran muro revestido por paneles tridimensionales diseñados exclusivamente por Columna Negra. Tallados y enchapados en madera natural, estos paneles funcionan como un telón arquitectónico que realza la obra principal del artista arequipeño David Habibzadeh, estableciendo un diálogo entre arte y arquitectura.

Diseñar con luz

En Salaverry 33, la iluminación nunca fue un elemento complementario. Fue parte del proyecto desde su concepción. Retroiluminaciones ocultas en el mueble principal, luces indirectas en el hall, lámparas de mesa y de pie, iluminación técnica para las obras de arte, rieles direccionables y distintos circuitos de spots permiten construir múltiples escenarios capaces de adaptarse a diferentes momentos de uso.

Cada escena enfatiza una textura distinta, revela nuevas profundidades o convierte una pieza de arte en protagonista. En la sala resalta el mural cerámico de la artista argentina Eugenia Torre (MET) que fue incorporado desde la primera etapa del diseño para que la arquitectura y la luz trabajaran en conjunto, permitiendo que esta pieza encontrara su lugar natural dentro del recorrido.

Salaverry 33 demuestra que la sofisticación no depende de la cantidad de elementos, sino de la relación que existe entre ellos. Es un proyecto construido desde el contraste, donde la naturaleza, el diseño de autor y el cuidado por el detalle convergen para crear espacios que invitan a detenerse, observar y habitar con calma.

Porque, al final, el verdadero lujo no está únicamente en los materiales nobles ni en las piezas exclusivas. Está en la posibilidad de vivir un espacio que, cada vez que se recorre, revela algo nuevo. Salaverry 33 refleja también lo que somos como estudio: una combinación entre pensamiento estratégico, sensibilidad y una profunda curaduría de materiales, marcas y objetos. En este proyecto conviven piezas de firmas internacionales como Timothy Oulton, Adriana Hoyos, Eichholtz, Ligne Roset, entre otras, y una selección de piezas de fabricación de autor concebidas por nuestro propio estudio. Una combinación estratégica entre lo mejor del diseño internacional y la precisión de lo hecho a medida.

Construyamos algo único y atemporal

Columna Negra arquitectos.

Todos los derechos reservados.